Buscar este blog

viernes, 21 de marzo de 2025

TAN COMO TÚ, O QUIZÁ MEJOR

Escucho en la radio que hoy es el día de las personas con síndrome de Down. Me entero de que la Asociación Down España ha grabado un vídeo para fomentar la integración de estas personas al que han llamado "Tan como tú". Y de repente, me acuerdo de lo que me pasó ayer. 

Acababa de entrar a comprar en una farmacia, y había gente esperando. Yo miraba las estanterías curioseando entre los potingues femeninos. Y de repente, un chico joven, alto, fuerte y bien parecido, me espeta: "Qué zapatillas tan bonitas llevas. Son muy bonitas tus zapatillas". Al principio no le hago mucho caso. Veo de reojo que es Síndrome de Down, o al menos lo que yo asocio con este tipo de discapacidad (que no sé si lo es o se dice de otro modo). Pero el chico insiste. Y entonces, riendo, le doy las gracias. "Bueno, pues muchas gracias", le digo. Y él me repite: "Es que son muy bonitas". 

Aparte de que sean o no bonitas mis deportivas, creo que este muchacho no es Tan como Yo, Tan como Tú, sino muchísimo mejor. Porque, y al hilo de aquella entrada antigua de este blog "Elogia que algo queda", ha sido capaz de decirme lo que pensaba sin ningún tipo de ambages; simplemente, ha visto algo bonito y lo ha manifestado, así de natural. Ha elogiado algo que le ha gustado sin importarle no conocerme de nada. Ha sido así de generoso. Lo que no somos casi ninguno de nosotros. 

Y me parece que esa cualidad, esa característica, no le iguala al resto de personas, sino que lo hace muy superior.  


martes, 18 de marzo de 2025

ENCUENTROS, SORPRESAS, ESPERAS

 

Hay una amiga de mi infancia (mi mejor amiga de mi primera infancia) cuyo contacto había perdido y recuperé el año pasado por casualidades de la vida. Mari Paz, cuánto te quise entonces...y qué dulce y cálido recuerdo guardo de aquella profunda amistad. Pues bien, en su estado de wasap me he encontrado esta mañana una columna de periódico escrita por Laura Ferrero que dice, entre otras cosas (cito textualmente): "...el amor es que vengan a buscarte. Al trabajo, al final de un día triste, al colegio, a la estación de tren, después de un partido agotador, por sorpresa, cuando no lo esperabas, incluso, sobre todo, cuando menos lo merecías. Cuando eres un niño, o no tanto, cuando se ha hecho tarde, cuando dijiste que no hacía falta (pero la hacía)". Y me ha gustado tantísimo que no he podido evitarlo: le he copiado el estado de wasap, y he añadido: "¡Qué preciosa sorpresa, que vengan a buscarte...qué acto de amor, ir a buscar a alguien...qué poco lo practicamos!

Así que, con mi manía de ordenar todo en listados, me he puesto a hacer recuento de las veces que más ilusión me ha hecho que vinieran a buscarme, por la sorpresa, por la emoción...y las que he sido yo quien ha buscado a otros. 

Lo primero que me viene a la cabeza, claro, son los tiempos del colegio, cuando mi hermano, bastante mayor que yo, me recogía a la salida junto con un amigo suyo guapísimo del que yo estaba enamoradísima (esto con unos cinco años...) Lo malo fue un día que se quedó dormido y se le olvidó, y yo tuve que irme sola a casa; estaba al lado, era cruzar una calle pequeña sin tráfico apenas y doblar una esquina, pero para mis cinco años aquello fue tal aventura que aún sigue siendo la mayor que he vivido. 
Buceando en mi memoria, paso ya a mis años de noviazgo. Cada día que quedábamos en la esquina de mi calle, verlo aparecer era una felicidad. Y buscarle a mediodía a la salida de su clase, con todo el fin de semana por delante, era lo que más deseaba cuando me despertaba los viernes. Una tarde discutimos mi entonces novio (y actual marido) y yo, y a la mañana siguiente yo fui a recogerle a clase a la Universidad y él hizo lo mismo, cruzándonos en el camino. Estuve horas esperando a ver si salía de clase, si me había equivocado de horario...¡es que no había móviles, amigos! (Esto, en el improbable caso de que me lea alguien que no me conoce personalmente, da idea de mi "antigüedad"...) Cuando  volví a casa mi madre me dijo que él había llamado hacía un rato preguntando por mí, porque no me había encontrado en la Facultad...en ese momento me valió la pena la espera infructuosa; saber que había sido correspondida a distancia fue tan bonito...Años después fui a buscarle al aeropuerto, una tórrida tarde de agosto, en el metro, con un vestido rojo minifaldero y escotado, con tacones negros y unos pendientes de aro rojos a juego que no olvidaré...me tiré esperando una eternidad hasta que llegó, pero mereció la pena... Y después...¡cuántas veces he ido a buscarle al trabajo! Me encantaba dar una vuelta de compras por su zona y luego esperar en la rampa del parking, cuando me avisaba que ya estaba saliendo...y volver juntos a casa. O cuando quedábamos a comer los viernes, y yo llegaba antes, y le veía venir por la calle abajo con su traje y su corbata que ahora tanto aborrece, su gabardina, sus zapatos brillantes...¡qué ilusión me hacía pensar que había quedado conmigo ese hombre tan atractivo! ¡qué orgullosa me sentía cuando entrábamos juntos en el restaurante, donde ya nos conocían!
También él ha venido a buscarme al trabajo muchas veces, algunas de sorpresa, incluso con flores; la sorpresa es su especialidad. Me encantaba cuando venía a recogerme a la oficina en el coche para salir pitando de viaje, y mis compañeros no sabían por qué yo llevaba tanta prisa ese día...Otra vez me mandó un taxi para que me llevara a un lugar, desconocido para mí, donde él me esperaba; pero esa es otra historia.
En fin; que no me puedo quejar...¡Y luego vinieron los niños! Años y años yendo a buscarlos al cole...sí, una tarea diaria, una obligación; pero me encantaba. En invierno, ese olorcillo a calor humano mezclado con la humedad de la lluvia y el material escolar...en verano, saltando y corriendo por el patio y riendo con sus amigos...y todos los días, las mismas preguntas para pasar revista: "¿qué tal el día? ¿Qué has comido?" Supongo que si ellos estuvieran escribiendo aquí narrarían lo que les gustaba ver a través de las ventanas de clase que era su abuelo el que les estaba esperando...cosa que sucedía todas las semanas puntualmente, y era una fiesta, con su merienda de plátano, galletas y chocolate (sí, será poco saludable pero les encantaba). Y en los scouts, y en las extraescolares, siempre ahí como un clavo esperando que salieran, unas veces más contentos y otras más contrariados...Tengo el olor de los pasillos de la Escuela de Música grabado en mi pituitaria...me da la impresión de que me he dejado media vida a la puerta de esas aulas...Como todas las demás, y los demás (más ellas que ellos, todo hay que decirlo).

Años, años de esperas, de sorpresas, de encuentros...y aún así, siento que no he hecho lo suficiente. Que ha habido veces en que alguien hubiera querido verme en un andén, o en un aeropuerto, o en cualquier lugar en que no me esperaban. Veces en que incluso me han pedido "¿vas a venir a buscarme?" y me he hecho la remolona, y he causado una decepción...Esas decepciones me pesan hoy más, mucho más que el resto de encuentros, que el resto de esperas...Nunca es bastante el amor, nunca demostramos bastante lo que queremos a alguien...por eso puse esta mañana en mi wasap "qué poco lo practicamos"...porque nunca es suficiente. 


 

viernes, 14 de marzo de 2025

ESTÉTICA PLAYERA II

Al hilo de la última entrada, reviso la que hice en junio de 2014, ¡cuántos años hace ya! Y me permito haber cambiado de opinión. (como ya he comentado, los años no pasan en balde y nos hacen crecer y aprender con las experiencias vividas, las lecturas, lo que nos rodea). Que nadie crea que lo que voy a escribir aquí se debe a que ahora soy "más vieja" y me conviene. No, sinceramente pienso que estaba equivocada.  

En aquel verano del 14, protestaba porque había mujeres en la playa que lucían sus cuerpos con gusto, fueran como fueran. No me apetecía (salvo por salir ganando en la comparación) ver físicos un tanto ajados o que no siguieran los cánones estéticos impuestos por no sabemos quién. 

Ahora creo que ellas eran las que estaban acertadas, y no yo. Ellas se querían y respetaban, y yo no. Por eso a ellas no les importaba nada que el mundo las viera tal como son, porque no tenían nada que esconder. Estaban orgullosas de todo lo que componía su "cobertura exterior". ¡Qué suerte! Han conseguido lo que yo proponía en mi anterior entrada: amar ese cuerpo que las acompaña. 

En cambio...aquí sigo yo, pontificando sin aplicarme mis reflexiones. Pensando en que este verano me tendré que poner el bañador...e intentaré por todos los medios "compensar" una figura nada atractiva según los cánones de nuestro tiempo con la mayor cantidad de complementos estilosos y bien conjuntados posible, para que quien me vea se fije en lo mona que voy y no en mis varices y mi celulitis. 

Admiro a las mujeres que han aprendido que cualquier cuerpo es bello y lo lucen sin pudor. Y ahora las respeto, y la próxima vez que vaya al mar de vacaciones contemplaré el panorama que se me ofrezca sin críticas ni desprecio. Ojalá yo consiga, aunque sea poco a poco y con esfuerzo, quererme tanto como para que no me importe lo que piensen los demás. 

miércoles, 5 de marzo de 2025

QUÉ QUIEREN LAS MUJERES 

Como me he propuesto activar este blog, lo que es para mí una nueva ilusión en estos tiempos en que pretendo volcarme más en mis propios intereses, y no en los públicos, 😜 ando todo el rato dándole vueltas a la cabeza para encontrar temas que interesen y vengan a propósito de las fechas en las que estamos (como ya hacía en su momento).
 
Nos acercamos al día ocho de marzo. He hablado mucho en este blog de mi opinión sobre el feminismo, los sentimientos de las mujeres de mi edad o más jóvenes...Pero vuelvo sobre ello. 
Y no exactamente con la primera idea que tuve, ya que voces sensatas me aconsejan que no lo haga, por políticamente incorrecto y por si me "atacan" desde las redes. No pienso censurarme a mí misma en este blog, ya sería lo último, pero pensándolo bien voy a dejarlo por ahora ya que esta fecha no es exactamente la más adecuada. Ya lo leeréis cuando llegue el momento. 

Hoy me voy a preguntar qué quieren las mujeres. Pero no las que van a salir a la calle el próximo sábado a manifestarse con motivo del Día de la Mujer. ¿Qué reivindicación promoverán este año? Lo ignoro. Prefiero reflexionar sobre lo que quieren (queremos) las mujeres en general, las que no vamos a estar ahí detrás de una pancarta. 
Curiosamente, mientras yo le daba vueltas a este asunto, mi marido (pura telepatía) me manda un video de youtube de la Fundación Juan March, con exactamente el mismo lema. ¡Vaya, hombre, ya me han copiado! Resulta ser un comentario sobre uno de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. En este relato, un hombre condenado a muerte por violar a una doncella se puede salvar si averigua "lo que quieren las mujeres". Al final, una le da la solución correcta: ¡Dominar a sus esposos! 

¿De verdad...? ¿Es eso lo que quieren las mujeres...? Vaya respuesta simplista...menos mal que hay que ponerla en el contexto de la Edad Media, y quizá entonces fuera realmente eso lo que necesitaran...aunque claro, el cuento está escrito por un hombre, no por una mujer, y con una visión absolutamente sesgada y nada conocedora del mundo femenino. Pero es que si nos fijamos en lo que vienen preconizando las feministas de los últimos tiempos, podríamos decir que Chaucer estaba acertado...no exactamente, pero casi. El feminismo se ha convertido en la lucha por el poder: conseguir el poder que hasta ahora detentaban los hombres, no compartirlo. En muchos casos, anular la figura masculina. Quítate tú que me pongo yo. Vuelvo a decir: ¿De verdad las mujeres quieren eso? Porque si es así, me parece una meta egoísta, raquítica y pobre.
 
Yo, en cambio, me voy a fijar en otro personaje: la protagonista de la película "Buena suerte, Leo Grande", interpretada por la inmensa actriz Emma Thompson. Es una película poco valorada por la crítica, por lo que veo, (me importa un rábano), y además la sinopsis que aparece en internet no se aproxima para nada al auténtico argumento. (Atención que haré espoiler...)  La he visto dos veces y la podría ver otras tantas. Está llena de enseñanzas y reflexiones, y es de lo más liberadora. En mi opinión, el personaje de Nancy Stokes muestra de una manera exacta lo que nos importa de verdad a las mujeres.
Nancy Stokes ha vivido un matrimonio sin sobresaltos, con afectos y respeto pero sin pasión ni deseo sexual. Ha tenido dos hijos que le han decepcionado profundamente, cada uno por una razón distinta. Ha sido profesora y ha inculcado (o lo ha intentado) en sus alumnas unos valores morales que a ella misma le han hecho asimilar y que ahora empieza a preguntarse si realmente tenían sentido. Es una mujer viuda, madura (entre cincuenta y tantos y sesenta años), de cuyo cuerpo se avergüenza. 
Y de repente, un buen día decide contratar a un gigoló. Por el simple deseo de conocer todas esas "prácticas sexuales" de las que ha oído hablar pero nunca ha experimentado. Por el deseo de saber qué es un orgasmo. 
¿Es realmente sólo eso lo que quiere Nancy? A lo largo de la película veremos que no.  Al principio ni se atreve siquiera a desnudarse frente al guapísimo Leo. Se arrepiente mil veces de haberlo contratado, quiere dar marcha atrás, y lo que más le interesa es charlar con él. Ahí vamos: quiere que la comprendan. Quiere que la escuchen. Quiere reflexionar sobre por qué ha vivido como lo ha hecho y no de otra manera. Por qué no se ha atrevido a salirse de lo que le imponía la norma. Por qué su autoestima está basada en su figura de madre. Quiere conocer la vida de Leo para entender qué papel realmente representa "la madre" en la vida de cualquier joven. 
Al final (¡OJO ESPOILER), Nancy experimentará lo que es el buen sexo, será capaz de desinhibirse y se despedirá para siempre de Leo deseándole buena suerte. Pero lo más importante de todo, y la escena que más me impactó de la peli, es que cuando por fin se queda sola, va despojándose de su ropa ante el espejo, poco a poco, y ya desnuda del todo se mira a sí misma, a ese cuerpo desvencijado que también Emma Thompson, como cualquier mujer de su edad, tiene, y sonríe satisfecha. ¡Sí! Ha aprendido a amarse a sí misma, a amar su cuerpo, un cuerpo viejo, flojo, sin ninguna gracia...pero que le ha servido; en esta ocasión, para sentir un placer desconocido, pero siempre, durante todos los años que tiene, para estar en el mundo, para disfrutar de todo lo que le rodea, respirar, sentir dolor, utilizar sus cinco sentidos, VIVIR. Un cuerpo que Leo le ha enseñado a querer. Y una persona que Leo le ha enseñado a SER.

¿Qué queremos, pues, las mujeres? ¿Qué deberíamos reivindicar? Nuestro derecho a ser PERSONAS, a expresar nuestros deseos de todo tipo y pedir que los que nos quieren nos ayuden a alcanzarlos si solas no podemos, a vivir nuestra vida como nosotras queramos y no someternos a imposiciones de la cultura o la tradición -o del nuevo feminismo si no nos gusta o no lo compartimos-, a valorarnos por lo que somos y no porque otros nos necesiten o por lo que  esperan de nosotras, a que nos comprendan, a que nos respeten en nuestra peculiaridad, a que nos presten atención cuando lo necesitamos, a que nos den la importancia que tenemos. Y más aún: a que nos dejen querernos a nosotras mismas tal como somos, niñas, jóvenes o viejas, delgadas o gordas, con pellejos o con lorzas,  a que nos enseñen a respetar y amar nuestro cuerpo, que es ese compañero de viaje que nunca nos va a abandonar, ese instrumento del que nos vamos a valer toda la vida para conseguir lo que queremos. 

Entrada destacada

Mujeres que escriben

Hoy es el día de la mujer escritora. La Biblioteca Nacional de España (BNE), la Federación Española de Mujeres Directivas (FEDEPE) y la Aso...